En el exilio de la calidez,
en la noche cerrada,
se fue.
En donde no trepa la fe,
y donde no me ve
como quiero que me vea,
se fue.
En el no hallar,
en la inconformidad con la sed,
donde la lluvia no es paisaje,
sino una guerra en el ser,
se fue.
En donde el ardor de las picadas
proviene de sus mismas carnadas,
en el abatimiento,
se fue.
Porque si después de todo,
la peripecia es sólo un naufragio
¿Para qué prolongar la estadía?